Tomo
menos de una onza diaria de leche al día, lo suficiente para cortar el café de
todas las mañanas. Me va mejor con el queso o el yogurt. Al ser un comprador
usual de leche he visto como en los últimos diez años los precios de la leche
fresca o evaporada se han duplicado o triplicado, lo que no concuerda con el
índice inflacionario o la devaluación de la moneda nacional. Lo que apunta a
una maniobra comercial que eleva artificialmente el precio y a la presencia de
un oligopolio, es decir la concentración de las empresas lecheras en pocas
manos, las que tienen la capacidad de manipular el precio a su antojo.
Esta
semana leí un artículo de José Ignacio Távara en La república:
Una tesis de
Tilsa Oré, sustentada esta semana, muestra que el precio que pagan los
consumidores por la leche evaporada es casi tres veces mayor que el precio
promedio que reciben los productores de leche fresca por una cantidad
equivalente. También explica cómo el oligopolio de la leche procesada (3
vendedores) opera al mismo tiempo como oligopsonio en el mercado de leche
fresca (los mismos 3 como compradores). El resultado es un oligoemporio, con
mayores precios para los consumidores y menores precios para los pequeños
ganaderos. La calidad de la leche que ellos producen es evaluada por los
propios compradores, y no por un laboratorio independiente, lo cual genera
incentivos para manipular la evaluación y presionar hacia abajo dichos precios… …Varias
corporaciones han sido sancionadas por abusar de su poder de compra en EEUU y
Europa, debieron resarcir los daños provocados y pagar multas millonarias. En
otros casos se exigió a empresas involucradas en procesos de fusión la venta de
algunos activos, precisamente para evitar que abusen de sus proveedores. En
contraste, nuestra legislación es tan permisiva que las empresas pueden
fusionarse a su libre albedrío –incluso hasta formar monoemporios– y concentrar
el poder económico. Además, la interpretación legal casi siempre favorece a la
gran empresa. De hecho, el 2011 el Indecopi declaró improcedente la denuncia
por abuso de posición de dominio presentada por la Asociación de Ganaderos
Lecheros del Perú. La tesis de Tilsa los pone en evidencia
Por
cierto, el oligoemporio de la leche realiza millonarias campañas publicitarias
para hacernos creer que 3 vasos de leche al día es nutrición sana y con 5 vasos
de leche al día los niños crecen. Totalmente falso. La leche es un complemento
y solo es indispensable en los primeros meses de vida, pero si se va a escoger
un tipo de leche mejor es la materna. La leche carece de los nutrientes
esenciales para un adecuado desarrollo cerebral y corporal, por eso los
lactantes deben recibir alimentos diversos en forma de papilla para completar
los requerimientos nutricionales.
Otro
cantar es en el adulto. Un estudio publicado el año pasado en British Medical Journal, 27 de octubre
del 2014, Milk intake and risk of mortality and fractures in women and men:
cohort studies. Gracias a que los registros sanitarios suecos reflejan la
historia real de las personas. Más de 61 mil mujeres y 45 mil hombres fueron
seguidos por 20 años, registrándose entre otras cosas, la tasa de muerte
cardiovascular, cáncer y fracturas.
Los
hallazgos mostraron que a mayor consumo de vasos de leche existe un mayor
riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares y cáncer. Entre las mujeres
aumenta el riesgo de fracturas. El riesgo se dispara a partir de 3 vasos de
leche diarios y es máximo a los 6 vasos diarios.
¿Cómo
explicar esta aparente contradicción? La leche es la principal fuente de
D-galactosa, un carbohidrato asociado en experimentos animales a un mayor
envejecimiento e inflamación crónica. En el presente estudio se hizo una prueba
en una población menor y se encontró un mayor incremento de marcadores
inflamatorios entre los grandes consumidores de leche. Por el contrario, entre
los consumidores de leche fermentada, como el yogurt y el queso, se vio un
perfil protector favorable en la salud cardiovascular y niveles de colesterol
HDL (el protector).
Los
resultados de este estudio corresponden a una observación epidemiológica pero
la contundencia de los resultados debe replicarse en otras poblaciones y sobre
todo en diseños experimentales, es decir haciendo que un grupo consuma más
leche y otro no. Pero sin embargo, las alarmas ya saltaron y la recomendación
de tomar más leche en adultos parece obedecer más a estrategia de mercadeo que
a una real voluntad por una nutrición saludable.
La
moraleja de este cuento apunta a dos cosas, que la leche fresca no es tan
necesaria en la nutrición de los adultos y que no hay que creer toda la
publicidad que nos endilgan, sobre todo si proviene de un oligoemporio como el
de la leche fresca peruana.